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Escrito por Nacho el 22 de septiembre, 2003. Archivado en Crónicas 2003, Siberia y Mongolia

Las carreteras en Mongolia se podrí­an clasificar en asfaltadas o sin asfaltar. Quizás la clasificación serí­a mejor si dijéramos con agujeros o sin agujeros, pues es lo que determina la velocidad del coche. Una vez que entras en las praderas, puedes trazar una paralela al camino y evitar los molestos baches, siempre que lleves un buen vehí­culo y un buen guí­a-conductor que sepa orientarse en las marañas de caminos que se entrecruzan.

Escrito por Nacho el 18 de septiembre, 2003. Archivado en Crónicas 2003, Siberia y Mongolia

Si cogí­a el tren a Mongolia hoy, tardaba ocho horas más que al dí­a siguiente. ¿Cómo puede ser si la ví­a es la misma? Al llegar a la frontera de Naushki y esperar durante 281 minutos, empecé a entender. Todo lo que hicieron fue trasladar el vagón por todas las ví­as hasta que quedó convertido en un tren de ¡un sólo vagón!.

Escrito por Nacho el 15 de septiembre, 2003. Archivado en Crónicas 2003, Siberia y Mongolia

Llegué a Irkustk de noche, a pesar de que, como pone en mi billete, son las tres de la tarde”¦ en Moscú. Tras 84 horas en tren, a través de más de 5000 kilómetros, habí­a entrado en Asia, y me encontraba en la capital de la mí­tica Siberia. Realmente me daba igual. Mi cabeza occidental llevaba ya un par de dí­as soñando con una buena ducha y una cena sin el movimiento del tren.

Escrito por Nacho el 10 de septiembre, 2003. Archivado en Crónicas 2003, Siberia y Mongolia

Por fin estaba en la mí­tica estación Yaroslavsky a punto de montarme en el tren 140 con destino a Vladivostok. Eran las doce y media de la noche, una hora un poco inconveniente para salir, pero con la ventaja de que, según el billete, me dejaba a las tres de la tarde en Irkutsk. Allí­, tras cuatro dí­as de viaje, iba a parar a estirar las piernas.