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Escrito por Nacho el 13 de mayo, 2004. Archivado en Crónicas 2003, Micronesia

A pesar de la cantidad de islas que tiene Chuuk, cada una particular a su manera, es sólo una pequeña parte de la diversidad de Micronesia. En Xavier High School hay un poco de cada rincón, y la celebración del dí­a cultural se convierte en la ocasión para los isleños de conocer un poco de la cultura de esas otras islas de las que tanto han oí­do hablar y que quizás sus antepasados visitaban con asiduidad. A mí­ me mostró un mundo nuevo, del que no conocí­a ni que existí­a, y al que poco a poco me he ido asomando; y ahora os cuento.

Escrito por Nacho el 15 de abril, 2004. Archivado en Crónicas 2003, Micronesia

Al venir a Chuuk creí­a que era lo más remoto que podrí­a encontrarme en el Pací­fico. Estaba equivocado. Entre las principales islas hay cientos de islas más pequeñas habitadas, esparcidas a todo lo ancho del Océano. El grado en que conservan el modo antiguo de vivir depende de manera inversa a la frecuencia de su contacto con el mundo exterior. He tenido la suerte de pasar unos dí­as en un par de ellas, y me he sentido tratado como un verdadero rey, fruto de la hospitalidad isleña. Si así­ eran tratados los marineros que se aprovisionaban de ví­veres frescos, no me extraña que al tener que regresar a la vida en el mar causasen más de algún motí­n.

Escrito por Nacho el 14 de marzo, 2004. Archivado en Crónicas 2003, Micronesia

Al atardecer, los muelles de Weno están en pleno bullicio. Es la hora de volver a casa, y las lanchas esperan a sus pasajeros para partir a alguna de las islas del atolón. Desde los 230m del monte Tonaachau, el horizonte del ocaso no se pierde en el mar. Las otras islas se recortan en el horizonte, con el espectáculo de las pequeñas motoras abandonando el “centro” y saliendo al mar dorado, como fuegos artificiales.

Escrito por Nacho el 22 de febrero, 2004. Archivado en Crónicas 2003, Micronesia

Todos tenemos una imagen de esa isla desierta a la que te preguntan qué tres cosas te llevarías. Cuando llegó el día en que eché el pie a tierra en una, sólo llevaba una sonrisa de oreja a oreja. Y tampoco me importó que ni Halle Berry ni las otras dos cosas estuvieran aquí.