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Escrito por Nacho el 19 de julio, 2004. Archivado en Crónicas 2003, El regreso a casa

Tras muchos esfuerzos por fin me embarcaba en el barco que me llevarí­a a América. Habí­a conseguido encontrar un carguero que aceptaba pasaje y podrí­a continuar la ruta sin coger el avión. El ritmo frenético del puerto, con los camiones, los containeres que vuelan, y el golpear de metales, cesó, y empezamos las maniobras para hacernos a la mar. El sol se poní­a mientras abandonábamos el puerto de Tokio, convirtiendo las grúas plegadas en gigantescas aves metálicas. Durante los siguientes dí­as sólo verí­a agua.

Escrito por Nacho el 7 de julio, 2004. Archivado en Crónicas 2003, El regreso a casa

Siempre hemos oí­do que Japón es carí­simo, y parece que uno se deja el destino para la edad dorada en que pueda viajar despreocupándose del dinero. Los azares de evitar el avión me pusieron el Imperio del Sol en el camino, y allí­ que me lancé con mi mochila, pues las últimas informaciones indicaban que podrí­a haber barco en Tokio. Tras haber estado en el ex-territorio imperial japonés de Chuuk, tení­a ganas de visitar la ex-metrópoli. Y no es tan difí­cil. Con un poco de maña tampoco te rompe el presupuesto tanto como uno imaginaba.

Escrito por Nacho el 25 de junio, 2004. Archivado en Crónicas 2003, El regreso a casa

Sabí­a muy poco de Corea. Iba a ser nada más que un tránsito entre China y Japón en mi ruta sin aviones y no esperaba nada especial. Pero quizás por eso me sorprendió y me detuve un poco, siempre menos de lo deseado, en un paí­s que anuncia con música clásica la próxima estación del metro, y rescata sus ruinas reinventando fotogénicas atracciones turí­sticas.

Escrito por Nacho el 9 de junio, 2004. Archivado en Crónicas 2003, El regreso a casa

El curso terminó, con fiesta de graduación incluida, y tocó despedirse del paraí­so tropical y volverse a poner en marcha. Llegaba el momento de volver a coger un avión para llegar al Asia continental y cerrar así­ el paréntesis abierto unos meses atrás en la ruta terrestre. Momentos tristes de despedidas, pero también de nuevos retos a los que enfrentarse cada dí­a. Pero habí­a una cosa no se me quitaba de la cabeza: empezaba el regreso y mentalmente es una sensación distinta. Quedan por delante paí­ses interesantes, como Japón, pero ya hay un horizonte en la lejaní­a: España.